Un Nuevo Concepto para Enfrentar la Adversidad: La Resiliencia
¿Qué es la "resiliencia"?La resiliencia es la capacidad para soportar las crisis y adversidades en forma positiva, logrando recobrarse. El término proviene de la física. Se aplica a la elasticidad de un material capaz de resistir la rotura luego de un choque o impacto con un objeto contundente. La traducción de la expresión inglesa corresponde a "entereza", es decir, a la fortaleza o resistencia para salir airosos de las pruebas que nos golpean. En psicología se utiliza el concepto para identificar los procesos y hechos que permiten a los individuos y familias soportar los desafíos y estados persistentes de estrés con éxito.
Es mirar los problemas desde sus posibilidades de superación y de la reparación. "Se trata de la capacidad potencial de un ser humano de salir herido pero fortalecido de una experiencia aniquiladora" (Walsh, 1998, 14). "Este enfoque se funda en la convicción de que el crecimiento del individuo y la familia puede alcanzarse a través de la colaboración de la adversidad" (Idem, 12).
El concepto de resiliencia ocupa un lugar importante en la teoría y las investigaciones, especialmente con respecto al desarrollo del niño y la salud mental del adulto. Se ha estudiado, por ejemplo, como sobreviven algunos niños con buena salud a una familia disfuncional y las virtudes que poseen ciertos individuos para derrotar la adversidad. Investigaron que recursos tienen esos hijos de padres mentalmente enfermos para superar sus experiencias tempranas de abuso o negligencia y llevar una vida adulta normal y saludable. Se los ha llamado "niño invulnerable" (Anthony et al., 1987), considerando que tienen una suerte de fortaleza biológica o coraza caracterológica.
Otro tema predilecto de los estudiosos ha sido descubrir que tienen esas personas que enfrentan sucesos catastróficos, que producen un efector devastador en la mayoría, pero que en ellas les hacen sacar fuerzas de flaquezas y aprovechar al máximo sus recursos positivos.
Varias investigaciones hallaron que un temperamento despreocupado y alegre y un alto grado de inteligencia contribuían a forjar la resiliencia, aunque no en forma definitiva y concluyente. Más significativo parece ser la autoestima y la creencia en la propia eficacia. Esa disposición hace más probable prevalecer sobre las dificultades, a diferencia de aquellos que son dominados por un sentimiento de impotencia.
Quienes tienen confianza en sus propias fuerzas y recursos -como descubrió Werner (1993) en un estudio sobre 700 niños nacidos en la pobreza de la isla Kauai- tienen más probabilidad de superar eficazmente la adversidad. Kobasa y sus colaboradores (1982; 1983) hallaron que las personas más resistentes al estrés son aquellas que poseen tres características de personalidad, que definieron en tres palabras, a saber: a) autocontrol: creen que son capaces de controlar los eventos que se les presenta o pueden gravitar sobre ellos; b) compromiso: se sienten profundamente comprometidos con lo que hacen o identificados con la causa; y c) desafío: ven los problemas no como algo abrumador, sino como desafíos apasionantes que los pueden conducir a mejorías o superación.
Con respecto a los recursos familiares y sociales asociados a la resiliencia, los investigadores han señalado la importancia del cariño, el afecto, el apoyo emocional y la existencia de un orden familiar de límites claros y razonables.
Se ha enfatizado el valor de los procesos interactivos, la cohesión, la flexibilidad, la comunicación franca y la capacidad de resolver problemas como factores que favorecen el buen funcionamiento familiar y contribuyen al bienestar de sus miembros. La importancia del apoyo de las redes sociales en situaciones de crisis ha sido ampliamente documentado- . Por ejemplo, los grupos de autogestión han demostrado ayudar a una mejor adaptación a mujeres con cáncer (Spiegel, 1993) y a los padres deudos durante los tres primeros años del fallecimiento de un hijo (Beskow. 1998). En el estudio de los niños resilientes de Kauai, se halló que la influencia más positiva fue una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo (padres, tío, abuelo u otro pariente o amigo) que los defendía y era una fuente de fortaleza en las dificultades.
Cuando todas las cosas ayudan a bien. En un estudio realizado por Taylor (1989), encontró que las personas que poseían "ilusiones positivas" o sea que asumían posturas positivas ante situaciones graves, tendían a irles mejor que los que se aferraban a la realidad firmente. Esa actitud permite conservar la esperanza en los momentos más sombríos y ver la luz al final del túnel. Múltiples investigaciones han puesto de relevancia que el optimismo y la esperanza son factores claves de la resiliencia (Pereyra, 1997).
La paradoja de la resiliencia es que los peores momentos pueden ser los mejores. Eso se pudo apreciar experimentalmente en un estudio que dirigió Stinnet (1985) sobre familias sólidas. Encontró que en momentos de crisis, el 75% de ellas habían descubierto circunstancias positivas en medio del dolor y la desesperación. Estaban convencidas que algo bueno había surgido de todo eso. Muchas de las familias reconocieron que después de capear el temporal, sus relaciones recíprocas se habían tornado más cariñosas y apreciadas que nunca.
La capacidad de resiliencia, consiste en recobrarse de los golpes no meramente "pasar la crisis", tratando que ésta no nos toque. La cuestión no es soportar estoicamente la adversidad o buscar dejar atrás la dificultad lo más rápido posible, desembarazándose de los sentimientos dolorosos. No, por el contrario, "la resiliencia implica integrar la totalidad de la experiencia en la trama de la identidad individual y familiar" (Walsh, 1998, 22).
Significa desplazar el foco de los perjuicios o daños del infortunio a un paradigma basado en la competencia y orientado a la fortaleza.
Nadie esta libre de problemas. La tensión es parte de la vida. A veces la tragedia golpea fuertemente. ¿Cómo superar las crisis? ¿De que manera enfrentar la fatalidad? Desarrollando la capacidad reparadora. Privilegiando la esperanza. Buscando la fortaleza interior y la ayuda de Dios. Escapando de la debilidad y la autocompasión que es la metáfora madre de toda enfermedad. Enfrentando los desafíos. Decía Paulo Coelho (1997, 240), "que el enemigo es apenas un pretexto para probar nuestra fuerza" y que las desgracias son la oportunidad para crecer; esto es, ver los problemas no como obstáculos sino como desafíos.
¿Cuántos dieron a luz una nueva fortaleza, nacida del sufrimiento y la necesidad? Por eso es básico volver fuerte al débil. No escarbar en la desdicha sino en las fuerzas soterradas del espíritu. Buscar la resiliencia protectora, la creatividad para descubrir otras alternativas. Descubrir como conservar la competencia aún en circunstancias angustiantes.
Dr. Mario Pereyra
Universidad Adventista del Plata