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Tema: Lecturas 2012

  1. #231
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    Confiar y obedecer

    Confiar y obedecer

    "Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios;tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud"(Salmo 143:10).
    ACTUALMENTE, LA PALABRA "obediencia" no pasa por sus mejores momentos. Casi se ha convertido en un concepto anticuado. Evidentemente, la palabra hace que la gente piense en la esclavitud y la opresión, en la violencia y el cas­tigo. La gente del siglo XXI es tan autosuficiente que no tolera la idea de que nada ni nadie pueda ser dominado.
    Cuando, hace cincuenta años, mi esposa y yo nos casamos, prometimos amarnos, querernos y obedecernos mutuamente el resto de nuestras vidas. Los votos tradicionales han cedido el paso a expresiones más poéticas. De modo que la palabra "obedecer" ya casi no se usa. Nadie quiere que lo obliguen a obe­decer a nada ni a nadie; ni a la ley, ni al maestro, ni al predicador y aún menos al padre o a la madre. No obstante, si queremos ser capaces de dar nuestro mejor potencial, la obediencia es necesaria.
    Un caza F-16 es un avión extraordinario con capacidades increíbles. No obstante, hay algo que el piloto exige por encima de las demás: que el aparato responda de manera total a su control. Si tuviera "voluntad propia", por destacable que ello pudiera parecer, no volaría mejor que el tope de una puerta. Del mismo modo, por más que estemos dotados de todos los dones posibles, la única manera de que Dios pueda hacer cosas extraordinarias e inauditas como "piloto" de nuestra vida es poniéndonos totalmente bajo su control. Si, vez tras vez, insistimos en tomar el control de nuestra vida en nuestras manos, descu­briremos que no lo lograremos en absoluto; de manera que aquellos que estén dotados de menos talentos serán los elegidos para ocupar nuestro lugar. La obediencia es la llave de oro para una vida de alegría y de excelencia.
    La obediencia es una actitud. Puede ser forzada o salir del corazón. Una persona puede mostrar una apariencia de obediencia y, en cambio, ser rebelde y traidora. Es posible que, a la vez que hacemos lo que se nos dice que tenemos que hacer, lo odiemos a cada minuto. Jesús no quiere esa clase de obediencia. Nuestra obediencia hacia él tiene que estar basada en el amor. Cuando nues­tro amor proceda del corazón nos deleitaremos en hacer su voluntad. "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15).
    Obedezca al Señor con todo su corazón.
    Dios te bendiga,Julio 20 del 2012

  2. #232
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    El hacer tu vountad, dios mio, me ha agradado

    "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado"

    "Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad" (Apocalipsis 22:14).
    TODOS LOS PADRES responsables reconocen la dificultad de ejercer la autoridad que Dios les otorgó sobre sus hijos. El delicado equilibro que se requiere para ser a la vez duro y tierno es difícil de mantener. Muchos padres refuerzan el espíritu rebelde de sus hijos por ser demasiado autoritarios y rigurosos. Otros ceden ante el niño cuando este pone a prueba su autoridad.
    Cuando un niño rebelde se resiste, la presión para ceder en aras de la convi­vencia pacífica y la armonía puede llegar a ser sobrehumana. Todavía recuerdo a aquella madre que quería tener siempre la última palabra pero no conseguía controlar la reyerta que estallaba cada vez que le decía no a su hijo. Después de un día especialmente difícil, levantando las manos al aire, gritó: "¡Sí, hijo, sí, haz lo que quieras! ¡A ver si ahora también me desobedeces!".
    ¿Alguna vez se ha comportado como ese niño? A veces no queremos obedecer de ningún modo. Peor aún, excusamos nuestra desobediencia diciéndonos que no somos más que seres humanos.
    Quizá algunos se sorprendan, pero la desobediencia es imperdonable. Mire, si Dios tolerara la desobediencia de cualquier forma o en cualquier mo­mento, el resultado sería la anarquía. Dios no tolera la desobediencia y tam­poco entra en componendas con ella. Sin embargo, es misericordioso con los que desobedecen... de momento. No obstante, según se desprende de lo que sucedió antes del Diluvio, en palabras del propio Dios leemos: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre" (Gén. 6:3).
    La desobediencia es la raíz de todo pecado y miseria. El objetivo de la salva­ción es arrancar esta raíz del pecado y devolvernos a nuestro destino original; es decir, a una vida de obediencia.
    La obediencia era la condición para vivir en el Edén. Y, por cierto, también es la condición que deberán cumplir aquellos que quieren vivir en el paraíso restaurado. Apocalipsis 22:14 dice: "Bienaventurados los que lavan sus ropas para que puedan tener derecho al árbol de la vida".
    La obediencia a su Padre fue el motivo recurrente de la vida de Jesús en la tierra. Se refirió a la obediencia de manera extraordinaria. Él dijo: "Padre, quiero hacer lo que tú quieras que haga"(ver Heb. 10:9). Este es el modelo de obediencia que debemos seguir. ¿Por qué no se decide a vivir siguiendo la voluntad de Dios?

    Dios te bendiga,
    Julio 21 del 2012

  3. #233
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    Escuchen mi voz

    Escuchen mí voz

    "Ahora, pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra" (Éxodo 19:5).
    ¿ALGUNA VEZ ALGUIEN que disfrutaba de una posición de autoridad le ha dicho: "Espero que haga lo que yo le digo y no lo que yo hago"? Esto es lo que decimos cuando alguien cuestiona nuestro propio comportamiento.
    En cierta ocasión Jesús hablaba a "una multitud", lo que significa que debía estar rodeado de muchas personas. A menudo recurría a objetos cotidianos para ilustrar sus enseñanzas; por eso, cuando vio que algunos de los gobernantes del templo estaban junto al borde de la multitud, pensó que serían una buena ilustración para que la recordara el pueblo.
    Seguro que la manera en que empezó la lección satisfizo a los sacerdotes. Jesús dijo que los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de Moi­sés y que el pueblo tenía que hacer todo cuanto le pidieran. En realidad, Jesús defendía su autoridad. Pero luego añadió: "Pero no hagan lo que ellos hacen, porque les dicen que hagan ciertas cosas que ellos mismos no hacen" (ver Luc. 6:46). Con toda seguridad, esto avergonzó a los gobernantes, a la vez que les demostró que los conocía muy bien.
    Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la Biblia describe la relación que se establece entre la redención y la obediencia. El paraíso, el Calvario y el propio cielo declaran que lo primero y lo último que Dios nos pide es, sencillamente, una obediencia absoluta y decidida.
    El Génesis menciona cuatro veces la obediencia de Noé. En Éxodo 19:5, Dios dijo a Israel: "Si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos". El apóstol Pablo dice que a él le fue encomendada la tarea de hacer que los gentiles obedecieran (ver Rom. 15:18). En Santiago 1:22 se nos llama a poner en práctica la Palabra y no limitarnos a escucharla. En 1 Pedro 1:2 se declara que la santificación que obra el Espíritu Santo lleva a la obediencia. Los versículos 14 y 15 nos llaman a rechazar la desobediencia antigua para hacernos obedientes.
    Aunque en el evangelio haya una provisión para la desobediencia, la salvación no tiene que ver con desobedecer y salimos con la nuestra, sino con el modo en que somos restaurados a una relación de obediencia a Dios y cómo mantenerla.
    Jesús se ha comprometido a impedir que caigamos (ver Jud. 24).
    Tómele la palabra.
    Dios te bendiga,Julio 22 del 2012

  4. #234
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    Obedecer es amar

    Obedecer es amar

    "Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1 Juan 3:18).Todo el mundo admira la obediencia de los perros hacia sus amos. Un día un caballero conoció a un hombre cuyo perro acababa de morir en un incendio forestal. Afligido, el hombre explicó cómo había sucedido. Como trabajaba al aire libre, solía llevar al perro consigo. Aquella mañana, dejó al animal en un claro y le ordenó que se quedara a vigilar la bolsa donde llevaba el almuerzo mientras él entraba en el bosque. Entonces se declaró un incendio y pronto el fuego se extendió al lugar donde estaba el perro, pero él no se movió. Se quedó donde estaba, en perfecta obediencia a la palabra de su amo. Con ojos llorosos, el dueño del perro dijo: 'Tendría que haber ido con cuidado a darle la orden, porque sabía que la obedecería al pie de la letra".
    La obediencia es característica de los que aman a Dios y el punto de partida de la verdadera santidad. "Al obedecer a la verdad, mediante el Espíritu, habéis purificado vuestras almas para el amor fraternal no fingido. Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1 Ped. 1:22).
    Las personas que dicen que han recibido a Cristo como su Salvador y, sin embargo, persisten a sabiendas en la desobediencia, de hecho, no lo han re­cibido en absoluto. Cuando Jesús nos perdona, también nos da el espíritu de obediencia.
    ¿Es posible que la obediencia a Dios llegue a ser excesiva? ¡De ningún modo! Las Escrituras dicen: "El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel" (Luc. 16:10). Esto es así porque el todo es la suma de sus partes. La per­sona que es obediente en las cosas pequeñas es obediente; y no hay más que decir. La persona que es desobediente en las cosas pequeñas, sencillamente es desobediente.
    ¿Se salvarán los desobedientes? La respuesta es sí y no. Dios salvará a quie­nes vivieron según la luz que recibieron, pero no puede salvar a quienes des­obedecen deliberadamente. En realidad, quien persiste en la desobediencia, combate lo que Jesús intenta hacer con su vida, porque con él siempre se sien­te el deseo de obedecer.
    Usted sabrá si tiene a Jesús y si quiere obedecerlo.
    Dios te bendiga,Julio 23 del 2012

  5. #235
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    La obediencia es un don

    La obediencia es un don

    y cualquiera cosa que pidamos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él" (1 Juan 3:22).
    A MENOS que tengamos el propósito de obedecer sus mandamientos, jamás sabremos de verdad qué es amar a Dios. En última instancia, el amor no se identifica por lo que es, porque es un misterio. Sin embargo, sí podemos identificarlo por lo que hace, porque siempre obedece según el conocimiento que tiene.
    Decir que nos salva la fe y no la obediencia es cierto. Desde que el pecado entró en el mundo, jamás ha sido posible salvarse mediante la obediencia. La obediencia no tiene nada que ver con el cómo, sino con el qué. En lugar de ha­blar de la obediencia cuando discutimos sobre cómo ser salvos, tenemos que referirnos a ella como algo que la salvación trae a la vida del cristiano.
    Seguro que ha oído decir que la obediencia es nuestra respuesta al amor de Jesús. A primera vista, puede parecer correcto y bueno. Pero, por más que lo intente, cometo errores y no siempre soy todo lo obediente que debiera. Aunque amo a Jesús con todo mi corazón, a veces hago lo que no tengo que hacer y otras no hago lo que tengo que hacer. ¿Cómo responder a este dilema?
    La obediencia no es algo que yo le dé a Dios, sino que él me da a mí. La obediencia es, a la vez, un don de Dios y perdón para los pecados. ¿Quiere eso decir que Dios hace su parte perdonándome y yo hago la mía obedeciendo? No, todo cuanto interviene en nuestra salvación es para alabanza y gloria de Jesucristo, nuestro Dios y Salvador.
    Quien base su salvación en la fe en Jesús recibirá dos cosas: (1) perdón para sus pecados y (2) el deseo de obedecer. La salvación es y hace esto como resul­tado de la fe en Jesús.
    En la vida cristiana, la fe y la obediencia tienen la misma relación que en el corazón se establece entre las aurículas y los ventrículos: son inseparables. Jamás pueden trabajar de manera independiente. Una persona perdonada siempre orará pidiendo obedecer.
    Obedecer de corazón la voluntad de Dios no es legalismo. Es un don ma­ravilloso que Dios otorga a quienes aceptan a Jesús como su Señor y Salvador. ¿Ha aceptado el don de la obediencia que Dios le otorga?
    Dios te bendiga,Julio 24 del 2012

  6. #236
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    La obediencia es pedagogia

    La obediencia es pedagogía

    "El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado" (1 Juan 3:24).
    Un adolescente echó mano de un tabaco. Se dirigió a un callejón donde nadie lo viera y lo encendió. Sabía a rayos pero hacía que se sintiera mayor, hasta que vio a su padre. Rápidamente, el joven se llevó el cigarrillo a la espal­da y trató de ser lo más natural que pudo. Durante un momento, padre e hijo bromearon. Luego, tratando de desviar cuanto fuera posible la atención de su padre, el muchacho vio una valla publicitaria que anunciaba un circo.
    -¿Puedo ir, papá?-preguntó-. ¿Puedo ir al circo cuando llegue a la ciudad? ¡Por favor, papá!
    La respuesta de su padre fue tal que jamás la olvidaría (y nosotros haremos bien en recordarla).
    -Hijo -respondió tranquilamente, pero con firmeza-, una de las primeras lecciones que tienes que aprender de la vida es que jamás puedes pedir nada mientras, al mismo tiempo, intentas ocultar una desobediencia humeante de­trás de la espalda.
    Los caballos árabes pasan por un riguroso proceso de doma en los desier­tos del Cercano Oriente. El domador les exige obediencia absoluta y los pone a prueba para ver si están completamente formados. La prueba final casi su­pera la capacidad de resistencia de cualquier ser vivo. El domador obliga a los caballos a pasar varios días sin agua. Luego los suelta y, como es de esperar, empiezan a galopar hacia el agua. Pero justo en el momento en que llegan al abrevadero, antes de que puedan hundir el hocico y beber, el domador hace sonar el silbato. Los caballos que están completamente domados y han apren­dido a ser absolutamente obedientes, se detienen, dan media vuelta y regresan al paso junto al domador. Tiemblan porque desean, ansían, beber; pero, perfec­tamente obedientes, esperan. Cuando el domador está seguro de que tiene su obediencia, les hace una señal para que regresen a beber. Quizá pueda parecer duro, pero cuando se está en el desierto de Arabia, donde no hay caminos y la vida depende de un caballo, es mejor que esté domado y sea obediente.
    Tendremos la seguridad de ser salvos cuando hayamos aprendido a obedecer plenamente a nuestro Padre celestial.
    Dios te bendiga,Julio 25 del 2012

  7. #237
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    Acciones, no palabras

    Acciones, no palabras

    "No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!', entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos"(Mateo 7:21).
    En su palabra, el Señor nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir una vida de obediencia hacia él. Pero tenemos que leer y buscar la verdad por noso­tros mismos. Y luego hay que aplicarlo a nuestra vida; es decir, es preciso que obedezcamos y vivamos según los principios que hayamos encontrado.
    Charles Swindoll presenta la siguiente ilustración hipotética: Imagínese, por ejemplo, que trabaja para una empresa cuyo presidente necesita salir del país y pasar una larga temporada en el extranjero. Por ese motivo, a usted y otros empleados de confianza los reúne y les dice:
    -Me marcho. Mientras esté fuera quiero que le dediquen mucha atención al negocio. Mientras esté ausente, ustedes se encargarán de la dirección. Reci­birán noticias mías con regularidad y les daré instrucciones al respecto de lo que tienen que hacer hasta que regrese.
    Todos están de acuerdo.
    El empresario se va y no regresa hasta al cabo de dos años. Durante ese tiem­po, escribe con frecuencia y comunica sus deseos y preocupaciones. Finalmente, regresa. Se acerca a la puerta principal de la empresa y descubre que todo está hecho un desastre: los jardines están llenos de maleza, las ventanas de la fachada están rotas, el recepcionista duerme una siesta, en algunas oficinas se escucha música a un volumen excesivo, dos o tres personas juegan a las cartas en el comedor. .. En lugar de obtener beneficios, el negocio ha sufrido pérdidas conside­rables. Sin vacilar, los reúne a todos y, frunciendo el ceño, pregunta:
    -¿Qué sucedió? ¿No recibieron mis cartas?
    Usted responde:
    -Por supuesto que sí. Recibimos todas sus cartas. Incluso llegamos a encuadernarlas. Algunos hasta nos las hemos aprendido de memoria. De hecho, cada sábado tenemos '"estudio de las cartas". ¿Sabe?, ¡son realmente estupendas!
    Entonces probablemente el presidente pregunte:
    -¿Pero qué hicieron con las instrucciones que les di?
    Con toda seguridad, los empleados responderían:
    -Hacer, lo que se dice hacer... no hicimos nada. Eso sí, nos las leímos todas.
    Y aquí se acaba la ilustración.
    Usted sabe quién es el "Presidente". Además, estoy seguro de que también tiene el libro de sus "cartas". Pero además de leer las cartas tenemos que hacer lo que dicen. La Escuela Sabática tiene que ser algo más que un mero "estudio de las cartas"; es preciso que sigamos las instrucciones del "Presidente".
    Dios te bendiga,Julio 26 del 2012

  8. #238
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    Paredes maestras

    Paredes maestras

    "A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca"(Mateo 7:24).
    DESDE QUE ERA joven me ha interesado la arquitectura. No me refiero a los rascacielos y los puentes, sino a las casas. A menudo explico a los miembros de iglesia que a pesar de que tengamos mucho que agradecer porque entre noso­tros se cuenten médicos y personas con una buena formación, no tenemos que olvidar que Jesús era un sencillo carpintero y que sus discípulos no pasaban de humildes trabajadores.
    Cuando tenía dieciséis años trabajé para una empresa que se dedicaba a poner los acabados en las paredes del interior de las casas. Estoy convencido de que Dios me llamó al ministerio, pero desde aquel tiempo jamás he dejado de reconocer el trabajo de los albañiles, los carpinteros, los electricistas y otros obreros cuyas habilidades hacen posible que existan las casas.
    La casa en la que ahora vivimos fue construida en 1977. De vez en cuando las casas necesitan trabajos de mantenimiento y hasta alguna rehabilitación. A medida que pasan los años procuro mantener mi casa en buen estado de conservación. Doy gracias por los años que pasé en la construcción.
    Mi hija y su esposo viven cerca y, como puede imaginar, a menudo vienen a visitarnos. No hace mucho, mientras discutíamos sobre qué hacer para refor­mar el salón, mi yerno, apuntando hacia una dirección, dijo:
    -Papá, creo que tendrías que derribar ese tabique. Así el salón será más amplio.
    -Hijo -dije-, no puedo hacerlo. Esa es una de las paredes sobre las que se sustenta toda la casa. Es una pared maestra.
    Jesús dijo que quien oye sus palabras, y no las obedece, "semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó y fue grande la ruina de aquella casa" (Luc. 6:49). Todas las casas tienen unan pared maestra. En nuestra vida, Jesús es esa pared. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios!" (Isa. 53:4). Jesús lleva la carga por nosotros y nos mantiene de pie en los rápidos del río de la vida. Por más que las olas nos azoten, no caeremosDios te bendiga,Julio 27 del 2012

  9. #239
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    El cristiano y la ropa

    El cristiano y la ropa

    "Vuestro atavío no sea el externo [...], sino el interno, el del corazón, en el incorruptible adorno de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios" (1 Pedro 3:3,4).
    Es INTERESANTE OBSERVAR que la primera consecuencia del pecado fuera que Adán y Eva se sintieran desnudos (Gén. 3:4) y que el primer acto de redención de Dios consistiera en la confección de unas sencillas vestiduras. En cierta oca­sión, Jesús y sus discípulos cruzaron el Mar de Galilea para dirigirse al país de los gadarenos. Cuando pusieron pie en tierra, un hombre que estaba poseído y andaba desnudo, corrió hacia ellos. Jesús sanó de inmediato al hombre y, cuando la gente vino a ver lo que había sucedido, lo encontraron sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio (Luc. 8:27-35).
    Como bien puede ver, esta historia y la de Adán y Eva tienen que ver con la desnudez. En ambos casos, cuando se presentaron ante Dios, volvieron a estar vestidos.
    Parece que últimamente ha aumentado la tendencia a la indecencia y la falta de modestia, tanto en la ropa femenina como en la masculina. Incluso se hace evidente en la ropa infantil. Lo que en un niño pequeño se podría consi­derar "gracioso", en un adolescente resulta falta de modestia. Los seguidores de Cristo tendrían que escoger el vestuario como si estuvieran ante Dios, cosa que, no olvidemos, es así.
    Nuestra indumentaria nos identifica. Las fuerzas armadas de cualquier país tienen uniformes, así como las industrias y los negocios. Con ellos identifica­mos a las personas con el trabajo que desempeñan. Nuestra forma de vestir puede indicar nuestra ocupación; por eso el cristiano no debe vestirse imitan­do a quienes se les atribuye una baja condición moral. Aunque las estrellas de cine o los grupos de rock tengan el derecho a vestirse como les parezca, los que hemos aceptado el compromiso de Cristo no nos debemos identificar con ellos permitiendo que nos indiquen nuestra forma de vestir.
    En resumen, los cristianos no adornamos un cuerpo que, tarde o temprano, envejecerá, sino que oramos para que nos adorne un carácter hermoso que jamás perecerá.
    Dios te bendiga,Julio 2 8del 2012

  10. #240
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    Ha hablado de su fe?

    ¿Ha hablado de su fe?
    "Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo" (Lucas 8:39).
    ¿Cuántas veces hemos oído decir que debemos hablar de nuestra fe? Pero ¿qué significa hablar de nuestra fe? Por favor, no malinterprete lo que le diré. No digo que no debamos dar estudios bíblicos o dirigir reuniones de evangelización, más bien añado una dimensión que tal vez usted no había considerado antes.
    Cuando pensamos en hablar de nuestra fe, es probable que pensemos en dar una serie de estudios bíblicos. Nos imaginamos que tenemos que ser ex­pertos en la doctrina de la Biblia y haber memorizado docenas de textos. No todo el mundo se siente cómodo con ese método.
    Jesús y sus discípulos tuvieron una experiencia que pone de manifies­to que hablar de nuestra fe incluye algo más que dar estudios bíblicos o la celebración de reuniones de evangelización. Cierto día, un hombre poseído por los demonios salió corriendo de entre las tumbas para atacar a Jesús y sus discípulos. Por favor, dedique unos minutos a leer la historia completa. Se encuentra en Lucas 8:27 al 39. Me gustaría que centrara su atención en el versículo 39. Después de ser curado, el hombre quería ir con Jesús y dar tes­timonio en su favor; en otras palabras, quería hablar de su fe. Entonces Jesús le indicó cómo. Le dijo: "Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo". Jesús no dijo: "Vete a tu casa y cuéntales que los cerdos se arrojaron al lago o que sus dueños estaban asustados". Al contrario, le dijo al hombre que fuera a su gente y que les explicara lo que Dios había hecho por él.
    Lo ve, ¿verdad? Hablar de nuestra fe incluye algo más que la celebración de reuniones de evangelización o dar estudios bíblicos. Incluye decir a otros lo que Jesús ha hecho por nosotros. Es importante conocer la verdad y hablar de ella a los demás, pero es igualmente necesario que digamos no solo lo que Jesús ha hecho, sino lo que está haciendo ahora en nuestras vidas.
    Si alguien le preguntara hoy lo que Jesús ha hecho por usted, ¿qué le diría? Piense en ello y, siempre que pueda, hable de su fe. Diga a otros qué hace Jesús por usted.
    Dios te bendiga,Julio 29 del 2012

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