Tengo entendido que los aplausos tienden a exaltar el ego de los interpretes.. Y creo que es una buena razón.
Por otro lado dejemos que cada persona en sus interior y en silencio juzgue si la interpretación ha sido verdaderamente edificante o digna de presentar a Dios.. También podemos caer en un estado de falsedad cuando por pena de ver que otros aplauden o por pena al intérprete nos veamos obligados a aplaudir. (esto sucede mucho cuando el predicador nos obliga a decir amén)
El Señor no necesita de nuestros aplausos.. Ustedes saben que es lo que Él requiere de nosotros.




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Bendiciones!!!
¡Ay!

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