Hermanos míos, YHWH El Señor sea con nosotros:
La cena del Señor es un asunto de entero interés y necesidad personal para comprender el significado correcto del costo de la salvación para todos aquellos que nacimos al espíritu; pues nos es testimonio del amor de Dios para que no lo olvidemos (“haced esto pues en memoria de mi” S. Lucas 22:19) Cada símbolo que en ella se encierra nos da la luz suficiente para saber que tanto la carne como la sangre del Cordero nos libera del pecado; pues en su carne llevo nuestras faltas para encadenar el pecado en ella para salvar el espíritu; y su sangre nos cubre de su justicia, por que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados.
Hoy para nosotros los símbolos siguen siendo claros a la Palabra de Dios, pero debemos estudiarlos siempre con toda diligencia en el contexto de los evangelios que son su marco central. Aquellos que estuvieron con El Señor en su ministerio no eran hombres irreprensibles o de carácter conforme a la voluntad del Padre. Como todos nosotros estuvieron sujetos a los problemas y pasiones de su época; el imperio romano los dominaba siendo siempre objeto de abusos, añorando la esperanza de ser una vez más una nación poderosa ante el mundo.
Al llegar Cristo Jesús, no veían solamente a un profeta; veían un Rey poderoso que dentro de sus pensamientos los liberaría del yugo romano, pero a saber es esto, su Reino no era de este mundo. Entre ellos surgían siempre las disputas por ocupar el lugar más alto en jerarquía ante la presencia de Dios, siendo así en una ocasión la madre de Santiago y Juan; hijos de Zebedeo, llego con una petición al Señor.
S. Mateo 20:20-28: “Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándole, y pidiéndole algo. Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dicen: Podemos. Y él les dice: A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas el sentaros á mi mano derecha y á mi izquierda, no es mío dar lo, sino á aquellos para quienes está aparejado de mi Padre. Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos. Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor; y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo: Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”
Si bien Juan y Santiago actuaron de manera presuntuosa, así igual hicieron en su corazón también el resto de los discípulos; fue por esto que El Señor los reprendió con un ejemplo en Juan el bautista.
S. Lucas 7: 24-28: “Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno más grande que Juan el Bautista; sin embargo el mas pequeño en el Reino de Dios es mayor que el.”
Este ejemplo fue a saber, que si en algo estimaban grandeza supieran que aun el mas grande de los hombres es el mas pequeño en el reino de Dios; aunque para ellos estas palabras no hacían mucho efecto pues seguían contendientes y disolutos.
Llegando el momento de la pascua en toda provincia de Judea hasta Jerusalén; El Señor estaba preparándose para dejarnos su legado hasta el día de su venida; mas aun sus discípulos contendían y viendo ocasión de exhortarles de manera que ni ellos le contradijesen, se postro con cada uno para lavarles los pies; mas esto como símbolo no sirve en la practica si el corazón no lo ve con los ojos de la fe, que esto es mas el espíritu de humildad. Cristo Jesús Señor nuestro era el Rabí para sus discípulos; y mas aun por boca de Pedro confeso como Hijo del Dios Altísimo; pero ahora se mostraba en la manera mas humilde que nadie podría rebatirle, pues tomando el papel de siervo les sirvió a cada uno con mansedumbre. Lo cual provoco la reacción de todos ellos; incluso que Pedro se negó a esto, pero a la verdad El Señor le insistió para que tuviera parte con El en la gloria. Mas de uno recordó a aquella mujer que derramo el llanto en sus pies y con su cabello los seco; aquel acto de humildad ante el Rey del Universo se vio reciproco con una raza humana caída en pecado; indigna a la verdad de tal noble gesto.
El lavatorio de pies, es sin duda una manera de reconocer que todos somos inferiores los unos a los otros; iguales ante los ojos de Dios como hermanos en Cristo Jesús. Esto en si no tiene comparación con el bautismo que conocemos, pues el bautismo es para morir al pecado y si hemos muerto al pecado; ¿por que hemos de bautizarnos una vez mas? “El que esta limpio no necesita lavarse mas que los pies y ustedes están limpios; pero no todos” dijo el Señor a Pedro para mostrarle el por que hacia esto.
El lavamiento de los pies era la preparación solo para aquellos que estaban limpios para resistir la tentación que serian presa por causa de Satanás como lo dijo el Señor “Por que Satanás los ha pedido para azotarles”
Si Pedro se hubiera rehusado a esto; Satanás lo habría destruido cuando lo tentó para negar a Jesús ante los judíos (“Si no te los lavo, no podrás ser de los míos” S. Juan 13:8); por que en nada estimaría su vida cuando el dolor de negarle a Dios mismo le hubiera sobrecogido en la noche temprana al amanecer como hizo con judas para que se ahorcara.
Una vez terminado de hacer esto el tomo su capa una vez más y se sentó con ellos y esto aconteció:
S. Juan 13:12-17 “¿Entienden ustedes lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho. Les aseguro que ningún servidor es más que su señor, y que ningún enviado es más que el que lo envía. Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos.”
La contienda, la vanagloria; el hambre de poder y riquezas llevan al corazón del hombre lejos de la salvación, por que por desear estas cosas no tendrá en mas perder su alma para siempre. Por esto El Señor nos mostro que la verdadera paz se consigue renunciando a estas cosas que a su vista no agradan y al hacerlo encontraremos la paz que necesitamos que solo El puede dar.
Y una vez hecho esto, El prosiguió con la cena; y partiendo el pan exclamo: “Tomad comed; este es mi cuerpo que es quebrantado por vuestras rebeliones” mostrando como iba a ser herido por nuestros pecados y llevando la maldición en la carne hasta la cruz se haría maldito ante los ojos de nuestro Padre (“por que escrito esta: maldito es todo aquel que cuelga de un madero”) y continuando dijo: “Tomad, beber esta es mi sangre señal del nuevo pacto para la remisión de pecados” revelando una vez mas que la sangre; su preciosa sangre seria el precio a pagar para la salvación.
Y que diremos de estas señales ¿todos deben participar de ellas? de ninguna manera; puesto que si aquel que rehusó lavar sus pies pudiendo hacerlo, no ha renunciado a su orgullo; mucho menos a las rebeliones que lleva en su corazón. Y si así comiere, se vuelve culpable de juicio tal como lo dice el hermano Pablo inspirado por Dios a la iglesia de Corinto
1 Corintios 11:27-30: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor... Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”
A estos les seria mejor convenir ponerse a cuentas con El Señor y su prójimo, para que sea contado en el día postrero entre los justos y no entre los impíos. Por que aquel que no come de estas señales, no vera el reino de Dios.
S. Juan 6:52-58: “Disputaban entre sí los judíos, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él… el que me come, vivirá por mí”
Aquí hay verdad; que el que lee entienda. Todos los símbolos de nuestra fe, son recordatorios de la importancia del sacrificio y vida de nuestro Señor Jesús El Cristo. Y os invito a que pensemos en esto siempre; no busquemos ser sabios y entendidos a nuestra conciencia; pues cauterizada esta por la transgresión de Adán y a causa de nuestras rebeliones; mas antes pues atendamos al Espíritu Santo que nos habla e invita a buscar El Reino de Dios y su justicia; profesos en la fe que se nos ha encomendado retener.
Paz en Dios sea con todos nosotros; por los siglos de los siglos.
Amen




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