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Ver la Versión Completa : ¿Jesús realmente existió?



Alex1993
30-Jun-2013, 04:34 PM
“Algunas religiones, tanto antiguas como modernas, necesitan de bases históricas, porque ellas dependen de ideas más que de hechos. El cristianismo no es una de estas” (F. Harrison, A Short Life of Christ, Pág. 11)

Introducción
Una de las acusaciones más fuertes que el ateísmo le ha hecho la cristianismo es que Jesucristo nunca existió, sino que su vida fue completamente inventada por los primeros cristianos. Si esta acusación fuera cierta, el cristianismo cuya raíz principal se basa en creer en el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús, sería completamente falso.
A continuación analizaremos las evidencias históricas y arqueológicas no cristianas que nos aseguran que Jesús, el Hijo de Dios, realmente existió.


Flavio Josefo
Flavio Josefo fue un político, militar, escritor e historiador judío del primer siglo. Se destaco porque fue un líder de la resistencia judía, pero deserto a los romanos, a los cuales apoyó en su reconquista de Palestina. Con astucia se gano el favor de la familia imperial, al predecir que Vespaciano, en ese momento un general romano, se convertiría en Emperador.
Entre los escritos de Josefo se encuentran las “Antigüedades de los Judíos”, que consisten en la historia completa de los judíos desde la creación hasta el siglo I d.C. También escribió una crónica de la segunda guerra judía, llamada “Las Guerras de los Judíos”.
En sus libros titulados “Las Antigüedades de los Judíos”, Josefo menciona en varias ocasiones a Jesús. En una de estas ocasiones Josefo relata la muerte de Santiago:

“Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados.” (Las Antigüedades de los Judíos, Libro 20, Capitulo. 9, Párrafo 1)

Aquí Josefo identifica a Santiago como “el hermano de Jesús”. Es obvio que los lectores de Josefo conocían a Jesús o de otra manera serian incapaces de identificar a Santiago por ese medio. ¿Y como lo conocían? Esto podría ser porque era un personaje conocido o porque Josefo ya había hablado de él anteriormente.
La segunda hipótesis está apoyada por un pasaje que menciona a Cristo y está ubicado un poco antes que este en las Antigüedades.
El así llamado “Testimonio Flaviano” es un pasaje que describe a Jesús y que ha sido objeto de mucha controversia:
“Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre, porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y muchos gentiles. Era el Mesías. Delatado por los principales de los judíos, Pilato lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo, porque se les apareció al tercer día resucitado; los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él. Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos.” (Las Antigüedades de los Judíos, Libro 18, Capítulo 3, Párrafo 3)

Existen argumentos sólidos que apoyan la idea de que el pasaje fue agregado a las Antigüedades o, lo más probable, que fue modificado para probar el mesianismo de Jesús.
Para empezar, es prácticamente imposible que Josefo hubiera escrito que Jesús “era el Mesías”. Las fuentes de la época nos indican que Josefo era un judío que no creían en el cristianismo. Además el vocabulario utilizado en este pasaje no es el normal en los escritos de Josefo y mucho menos esperado para alguien que no era cristiano. Las siguientes frases son consideradas casi universalmente como añadidas o modificadas al texto original:
“si es lícito llamarlo hombre”, “de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad”, “uno que realizó grandes milagros”, y “en el tercer día se les apareció resucitado”. Todas estas frases las escribiría un cristiano, no un judío.
Sin embargo también hay fuertes argumentos para aceptar la veracidad de todo o parte del testimonio flaviano. Se encuentra en todos los manuscritos existentes de “Las Antigüedades de los Judíos” y Eusebio, un historiador cristiano, lo cita alrededor del año 320 d.C.
Además, el vocabulario del pasaje no es tan raro en los escritos de Josefo. Salomón y Daniel, líderes religiosos, también son llamados como “hombres sabios”, al igual que Jesús. Además, la expresión “hechos maravillosos” no se encuentra en la literatura cristiana primitiva para referirse a Jesús, pero si es utilizada por Josefo para hablar de los milagros de Eliseo, por ejemplo. También la denominación de los cristianos como “agrupación (del griego phylon)” no es utilizada por los escritores cristianos, pero si por Josefo para referirse a razas o grupos nacionales o comunales.
La evidencia nos indica que este pasaje si fue escrito por Josefo, pero que fue modificado por algún copista cristiano algún tiempo después. Recientemente se ha encontrado una nueva versión de “Las Antigüedades de los Judíos” fechada en el año 941 d.C. Esta versión, llamada árabe o eslava, es la más antigua de la que se tenga registro y es considerada por la mayoría como libre de modificaciones cristianas. El testimonio flaviano, en esta versión, dice lo siguiente:

"En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron. Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían contado maravillas."

Esta versión es, probablemente, lo mas cercano a lo que Josefo escribió sobre Jesús.


Los Hechos de Pilato
Los registros del juicio y ejecución de Jesús de Nazaret fueron preservados en un informe de Poncio Pilato al Emperador. La evidencia histórica de la existencia de los Hechos de Pilato se encuentra en la Primera Apología de Justino Mártir. Él fue un defensor de la fe cristiana que le dirigió una Apología al Emperador Antonio Pio para que detenga las persecuciones contra los cristianos.
Hay dos referencias a los Hechos de Pilato:
“Pero las palabras: «Horadaron mis manos y, mis pies» se refieren alos clavos con que fijaron las manos y los pies de Jesús a la cruz; Y después que fue crucificado, sus ejecutores echaron suertes sobre su ropa, y la dividieron entre ellos. Que estas cosas acontecieron usted lo puede saber por los Hechos que fueron escritos bajo Poncio Pilato.” (Justino Mártir, Primera Apología, Cap. 35)

“Y que fue predicho de que nuestro Mesías debía sanar todas las enfermedades y resucitar de entre los muertos, escuche lo que fue dicho: Estas son esas palabras: “A su venida el cojo saltará como un ciervo, y la lengua de los tartamudos hablará claramente; el ciego verá y los leprosos serán limpiados; y los muertos resucitaran y caminaran” (Isa. 35:5-6). Y que Él hizo estas cosas, tu puedes saberlo mediante los Hechos de Pilato” (Justino Mártir, Primera Apología, Cap. 48)

Lamentablemente los Hechos de Pilato se perdieron, al igual que la inmensa mayoría de los informes que los gobernantes provinciales mandaron a Roma en toda su historia. Sin embargo, el hecho de que Justino sugiera al Emperador, quien obviamente tenía acceso a esos documentos por aquel entonces, que compruebe lo dicho sobre Jesús consultando los Hechos, es una evidencia firme de que realmente existieron. Si los Hechos de Pilato nunca existieron, entonces Justino nunca le pudiera haber dicho al Emperador que compruebe por si mismo lo referente a la vida y muerte de Jesús es esos documentos.
Algunos siglos más tarde aparecieron unos “Hechos de Pilato” que se demostraron como falsos. Sin duda fueron un fraude de algún escritor anónimo deseoso de “tapar” el vacio que los verdaderos “Hechos de Pilato” dejaron al desaparecer.




Flegonte, Talo y los milagros de Jesús.
Un historiador pagano llamado Talo escribió sobre algunos sucesos sobrenaturales que rodearon la vida de Jesús y que están registrados en la Biblia. Aunque los libros de Talo se han perdido, las citas de sus libros relacionados con Jesús han sido preservadas en otros libros.
Julio el Africano, un obispo cristiano, escribió en el año 221 d.C., al mencionar la oscuridad que ocurrió en la muerte de Jesús:
“Talo, en el tercer libro de sus historias, explica tal oscuridad como un eclipse de sol. Irrazonablemente, me parece a mí” (Cronología, Cap. 18) Julio tenía razón, un eclipse solar no puede suceder cuando hay luna llena y Jesús murió en la pascua, cuando hay luna llena.
Lo cierto es que Talo nunca negó la existencia de Jesús o la historicidad de su crucifixión, sino que negó los eventos sobrenaturales relaciones con Cristo, como se esperaría de un no cristiano.

Otro historiador pagano que registró los eventos referidos a Jesús fue Flegonte. Este escritor escribió, alrededor del año 140 d.C., que hubo un eclipse total de sol (el mismo al que se refiere Talo), desde la hora sexta a la novena (desde las 12 hasta las 15 hrs actuales), tal como lo registra la Biblia (Marcos 15:33).


Plinio el Joven
Plinio fue un escritor y político romano, sobrino de un famoso historiador, también llamado Plinio, aunque apodado “el viejo”. Plinio el joven le escribió una carta al emperador Trajano alrededor del año 112 d.C., mientras era gobernador de Bitinia, en Asia Menor. En ella describe al cristianismo como “una depravada y excesiva superstición”, que se “ha esparcido por las aldeas y por los distritos rurales”. Tal era la difusión del cristianismo por aquella época, que los templos paganos “habían sido casi abandonados”. Los festivales paganos se habían interrumpido y la carne de los sacrificios paganos tenía “pocos compradores”. Plinio también declara que los cristianos solían reunirse para cantarle himnos a Jesús. Él en ningún momento cuestiona la existencia histórica de Jesús o da evidencias de que Cristo nunca existió. Al contrario, la considerable difusión del cristianismo que Plinio documenta encaja perfectamente con la aparición del cristianismo en el siglo I, tal como lo declara la Biblia. Si el cristianismo hubiera sido un invento posterior, nunca hubiera podido tener una difusión tal.


Cornelio Tácito.
Cornelio Tácito fue un político e historiador romano. En el año 116 aproximadamente, él escribió sus “Anales”, una crónica de la historia romana de su tiempo. Al hablar del terrible incendio que asoló Roma en el año 64, comenta que el pueblo rumoreaba que el culpable era el Emperador Nerón. Para disipar las sospechas que lo rodeaban, Nerón culpo a los cristianos. Tacito relata lo siguiente:

“…Nerón sustituyó a los verdaderos culpables y para suprimir el rumor, castigó con los máximos refinamientos de la crueldad, a una clase de hombres aborrecidos por sus vicios, a quienes la muchedumbre llamaba cristianos. Cristo, el fundador del nombre,
había pasado por la pena de muerte en el reino de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición fue detenida por el momento, sólo para volver a brotar una vez más, no solamente en Judea, la cuna de la enfermedad, sino también en la capital misma, donde todas las cosas horribles o vergonzosas del mundo se reúnen y convierten en una moda. Entonces, primeramente los miembros declarados de la secta fueron arrestados, después, por sus divulgaciones, un vasto número fueron culpados, no tanto por causa de los incendios sino por odio a la raza humana. Y la mofa acompañaba a su fin: fueron cubiertos con pieles de bestias salvajes y despedazados hasta la muerte por los perros; o amarrados a cruces, y, cuando se acababa la luz del día eran quemados para servir como lámparas de noche. Nerón había ofrecido su jardín para el espectáculo, y dio una exhibición en su circo, mezclado con la muchedumbre con el hábito de un auriga, o montado en su carruaje. Por lo que, a pesar de la culpa que había ganado el castigo más ejemplar, se levantó un sentimiento de compasión, debido a la impresión de que estaban siendo sacrificados, no por el bienestar del estado sino a la ferocidad de un solo hombre.” (Anales, 15, 44)

Aquí podemos ver que un historiador pagano claramente corrobora lo dicho por la Biblia: que Jesús fue ejecutado por Pilato durante el reinado de Tiberio, y que esto pareció haber detenido al cristianismo. Sin embargo los discípulos pronto retomaron sus actividades y difundieron rápidamente el cristianismo por muchos lugares, incluyendo Roma.
Cornelio Tácito es considerado un historiador serio y que contaba con numerosas y fidedignas fuentes (Anales 4, 10). Él mismo admite haber “seguido a la mayoría de los historiadores”(Anales 4, 57)


Emperador Adriano
Serenio Graniano, un procurador de Asia, le envió una carta al Emperador Adriano (117-138 d.C.) pidiéndole consejo sobre cómo tratar con los cristianos acusados. El emperador le contesto al sucesor de Serenio, Minucio Fundano. Esta carta ha sido preservada y muestra la postura del Emperador sobre el tema. Él sugiere que los juicios contra los cristianos tengan lugar solo si el acusador tiene pruebas que sustenten sus acusaciones.
Esta carta es una evidencia mas que comprueba la notable difusión del cristianismo a principio del siglo II.


Suetonio.
Suetonio, un historiador romano, también confirma lo dicho por Tácito acerca del incendio de Roma. En su libro “Vida de Nerón”, Suetonio declara que luego del incendio “se infligió castigo a los cristianos, un grupo de personas adictas a una novedosa y dañina superstición”. Esto sucedió apenas 30 años luego de la muerte y resurrección de Jesús.


Luciano de Samosata
El escritor humorístico griego Luciano de Samosata, quien se hizo famoso por sus sátiras, escribió acerca de los cristianos en el año 170 d.C. Al ser un escritor pagano se burlo de los cristianos llamándolos “criaturas extraviadas”. Declaro que ellos “adoran al sabio crucificado y viven conforme a sus leyes”. Además, dice Luciano, tienen un “desprecio por la muerte”, y una “devoción voluntaria que es muy común entre ellos”.


La carta de Mara Bar-Serapion
Poco después del año 70 d.C., un filósofo sirio, llamado Mara Bar-Serapion, le escribió a su hijo desde la cárcel, alentándolo a que buscara la sabiduría. Para ello le da tres ejemplos sobre las consecuencias de rechazar la sabiduría:

“¿Qué ganaron los de Atenas con matar a Sócrates? Hambre y plagas vinieron sobre ellos como juicio por su crimen. ¿Qué ganaron los hombres de Samos por quemar a Pitágoras? En un momento su tierra fue cubierta de arena. ¿Qué ganaron los judíos por ejecutar a su rey sabio? Fue después de eso que su reino fue abolido. Dios vengó justamente a estos tres hombres. Los atenienses murieron de hambre, los de Samos fueron tragados por el mar; los judíos, arruinados y echados de su tierra, viven en completa dispersión. Pero Sócrates no murió definitivamente, él vivió en las enseñanzas de Platón. Pitágoras no murió definitivamente, él vivió en la estatua de Hera. Ni el rey sabio murió para siempre, él siguió viviendo en las enseñanzas que había dado.”

Si bien la información histórica de la Carta de Mara Bar-Serapion no es del todo exacta, si nos muestra que en el primer siglo existió un “Rey Sabio” entre los judíos que fue ejecutado por ellos. Lo cierto es que unos 35 años después de la crucifixión de Jesús, los judíos se rebelaron contra Roma, fueron derrotados y esparcidos por el imperio. Se prohibió la entrada de judíos en Jerusalén y se les quito toda la autonomía que habían tenido anteriormente. Sin duda a estos eventos se estaba refiriendo Mara Bar-Serapion cuando dijo que “los judíos, arruinados y echados de su tierra, viven en completa dispersión”


Celso y su “Discurso Verdadero”.
Aproximadamente en el año 178 d.C. un filosofo pagano llamado Celso escribió un documento en los que atacaba al cristianismo. Esta obra se llamo “El Discurso Verdadero”.
Celso, en su odio contra los cristianos, argumentó que Jesús era hijo ilegitimo de una “pobre campesina” y un “soldado romano llamado Pantera” (Discurso Verdadero, 1, 1). Admitio que Cristo realizo “muchos prodigios sorprendentes, curaciones milagrosas, multiplicación de los panes y otras cosas semejantes” (Discurso Verdadero, 1, 12) pero que lo hizo mediante la magia y no mediante el poder divino. También acepto que Jesús pudo predecir el futuro, aunque negó rotundamente la su resurrección.
Por lo que podemos ver, Celso no negó la existencia de Jesús, ni siquiera sus milagros -aunque era un enemigo declarado del cristianismo-, sino que negó que hubiera algo divino en Él.

Conclusión
Existen varias referencias históricas de Jesús y del cristianismo en el siglo I y II. Todas estas fuentes históricas nos aseguran que existió en Judea durante el reinado de Tiberio, un hombre famoso por su sabiduría que fue ejecutado por los judíos y romanos. Muy poco después de su muerte, sus discípulos comenzaron a predicarlo y rápidamente se difundió por todo el imperio romano, incluyendo su capital. Ningún historiador ni escritor de la época, ni siquiera los enemigos del cristianismo, se atrevió a negar la existencia de Jesús. Para ellos Él realmente había existido, e incluso aceptaron que realizo milagros, aunque no mediante el poder divino sino mediante la magia.
Lo dicho en todos estos testimonios históricos encaja perfectamente con lo dicho en la Biblia. Nada puede explicar como el cristianismo surgió y creció tanto y tan rápidamente como la aceptación de la existencia histórica de Jesús.